Ignacio Manzano

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El marketing de la IA

La distancia entre el discurso y el producto.

Por Ignacio Manzano

El marketing de la IA

Cuando el anuncio es mejor que la tecnología

Hay algo curioso en cómo se habla de la inteligencia artificial. Cada semana hay un nuevo modelo que «lo cambia todo», una startup que «revoluciona» algún sector, un CEO que explica en una entrevista de tres horas por qué estamos a punto de vivir el mayor cambio de la historia de la humanidad. El ruido es constante. Y constante también es la sensación de que algo no cuadra del todo.

No digo que la IA sea un fraude. Sería absurdo. Pero sí creo que hay una brecha enorme entre lo que se anuncia y lo que ocurre cuando te sientas a trabajar con ella de verdad. Y esa brecha tiene un nombre: marketing.

Silicon Valley lleva décadas perfeccionando un arte concreto: vender la narrativa antes que el producto. La IA no es una excepción. Es quizás el ejemplo más sofisticado que hemos visto.

Lo que pasa cuando la usas de verdad

Llevo cerca de dos años usando estas herramientas a fondo. Los últimos seis meses especialmente, combinando el trabajo de automatización real con mi máster, he llegado a un punto en el que puedo decir algo con cierta base: la IA es genuinamente buena en cosas concretas, simples, bien definidas. Tareas acotadas. Preguntas claras. Contextos limpios.

El problema empieza cuando le pides algo más complejo. Trabajo útil real, problemas reales. Cuando el contexto se alarga, cuando hay que conectar muchas piezas de información diferentes, cuando el trabajo requiere criterio real y no solo ejecución. Ahí falla. Y lo hace de una forma particular que me parece importante señalar: no falla de golpe, falla acumulando parches.

En lugar de deshacer un error y reconstruir bien, tiende a corregir por encima. Una capa sobre otra. Y con el tiempo ese edificio de correcciones se vuelve frágil, difícil de controlar, lleno de inconsistencias que no siempre se ven a primera vista. Es algo que merece un análisis propio y más profundo, y lo haré en otro artículo. Pero lo menciono aquí porque es parte de la conversación honesta sobre qué es realmente esto que nos están vendiendo.

El marketing de la narrativa ética

Uno de los ejemplos que más me ha llamado la atención es el de Anthropic, la empresa detrás de Claude, el modelo que más uso. Hace unos meses se viralizó la noticia de que se habían negado a vender su IA al Pentágono para usos militares autónomos. Muchos usuarios desinstalaron ChatGPT e instalaron Claude. La historia funcionó perfectamente.

El detalle es que Claude ya trabajaba con el Pentágono desde 2024, a través de Palantir. Y Anthropic se había presentado a un concurso militar para control de drones. La condición que pusieron, «no armas autónomas», era algo que su tecnología no puede hacer hoy de todas formas.

¿Eso los convierte en mentirosos? No necesariamente. Pero ilustra algo que creo que hay que tener presente: las empresas tecnológicas de frontera han aprendido que la narrativa ética tiene un valor financiero tan real como la tecnología en sí. Cada comunicado, cada gesto público, cada estudio que publican tiene también una función: atraer inversores, retener talento, preparar una salida a bolsa.

Entender eso no te hace cínico. Te hace mejor lector.

Lo que queda cuando bajas el volumen

No quiero cerrar esto con un veredicto tajante porque no lo tengo. La IA es real, es útil en muchos contextos, y probablemente sea una de las tecnologías más importantes que vamos a ver en nuestra vida. Pero hay una diferencia enorme entre eso y lo que se anuncia cada semana.

Lo que me pregunto cada vez más es: ¿cuánto de lo que consumimos sobre IA es información, y cuánto es una campaña de marketing extraordinariamente bien ejecutada?

No tengo la respuesta. Pero creo que hacerse esa pregunta ya es un buen comienzo.