Ignacio Manzano

Opinión

La realidad de las AI Startups

Esto es lo que nadie te cuenta.

Por Ignacio Manzano

Pintura abstracta de unas figuras bajo una mano que se cierne sobre ellas, sobre quién controla la IA

Un nuevo año, un nuevo espacio

Empezamos 2026 y he decidido que este año me apetece tener un sitio donde pensar en voz alta. Un espacio para investigar, escribir y dar mi opinión sobre negocios, marketing, estrategia y, con pinzas, algo de política.

No sé exactamente a dónde va a llegar esto. Pero sí sé por dónde quiero empezar.

La IA dio fuerte en 2025. Y todo apunta a que en 2026 va a dar más. Así que empezamos por ahí: por algo que lleva semanas llamándome la atención y que creo que no se habla suficientemente claro.

Lo que muchas “AI companies” no te cuentan

Todos conocemos a los grandes. Claude, ChatGPT, Gemini. Pero luego están las herramientas que usamos en el día a día: Gamma para presentaciones, Lovable para diseño, Jasper para marketing, docenas de chatbots de atención al cliente, apps para “hablar con tu PDF”…

¿Qué tecnología usan estas startups? La pregunta parece obvia pero la respuesta sorprende a mucha gente.

La mayoría no tienen IA propia. Usan los modelos de OpenAI, Anthropic o Google, les ponen una interfaz bonita encima, y te cobran 20 dólares al mes por algo que podrías hacer tú directamente por menos. Se llaman wrappers. Y según CB Insights, el 78% de las startups de IA lanzadas en 2024 son exactamente eso.

Algunos ejemplos que probablemente reconoces:

Jasper llegó a 120 millones de dólares de ingresos siendo básicamente GPT de OpenAI con templates para marketing. Ahora ha caído a 55 millones porque ChatGPT hace lo mismo gratis. Las docenas de apps de “chat with your PDF” que cobraban 15 o 20 dólares al mes murieron de un día para otro cuando ChatGPT integró esa función de forma nativa. Y cientos de chatbots de atención al cliente que no son más que GPT-4 con un prompt personalizado y un logo encima.

La regla que me parece más útil para detectarlos es simple: si la empresa desaparecería mañana si OpenAI les cortara el acceso a su API, no construyeron un producto. Construyeron un prompt con logo.

No todos son iguales

Dicho esto, no todos los wrappers son lo mismo. Cursor, Bolt o Perplexity también usan modelos externos, pero han construido algo encima que no puedes replicar fácilmente tú solo. Hay una capa de valor real, una experiencia de usuario, una integración, un flujo de trabajo que justifica el producto más allá del modelo que lo alimenta.

La diferencia está en hacerse una pregunta muy concreta: ¿qué pasa si OpenAI saca esa funcionalidad la semana que viene?

Si la respuesta es “el producto desaparece”, no hay producto. Si la respuesta es “seguimos siendo relevantes porque hemos construido algo más”, entonces sí hay algo ahí.

Hasta los expertos se contradicen

Y aquí está el problema de fondo. No es solo que haya wrappers mal construidos o startups con negocios cuestionables. Es que ni siquiera los que más saben tienen claro a dónde va esto.

AI-2027 es un escenario publicado por investigadores cercanos al sector que plantea una transformación radical de la civilización tal y como la conocemos en menos de dos años. Es un documento serio, elaborado por gente que trabaja en esto, y es profundamente alarmista.

Otros expertos igualmente serios lo consideran exagerado. Algunos de los mismos que llevan años en el campo dicen que estamos a décadas de lo que AI-2027 describe.

¿Quién tiene razón? No lo sé. Y creo que nadie lo sabe del todo.

Y eso, precisamente, es el problema.

La llamada a la acción que nadie está haciendo

Mientras Sam Altman, Elon Musk y Dario Amodei se turnan para decirnos lo que la IA va a hacer con nuestras vidas, nosotros como sociedad seguimos en modo reactivo. Esperando a ver qué nos tiran encima para luego decidir si nos parece bien o mal.

Pero las decisiones importantes no se están tomando en referéndums ni en parlamentos. Se están tomando en consejos de administración y en rondas de financiación.

Creo que en 2026 toca empezar a hacerse preguntas incómodas. No como consumidores de tecnología, sino como ciudadanos. ¿Qué queremos que haga la IA? ¿Qué no queremos? ¿Quién decide eso? ¿Y por qué estamos dejando que lo decidan otros?

No tengo las respuestas. Pero sí creo que hacerse las preguntas es el primer paso.

Bienvenido a 2026.